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El sector de materiales de construcción advierte del impacto de los costes energéticos y de suministro

Por C de Comunicación

La industria española de fabricantes de productos de construcción advierte de la creciente presión que están ejerciendo sobre su actividad el incremento de los costes de las materias primas, la volatilidad de los precios energéticos y las tensiones en las cadenas de suministro. Estos factores están impactando de forma directa en los costes de producción y en la competitividad del sector. En este sentido, la evolución del conflicto en Oriente Medio ha intensificado las previsiones de encarecimiento para 2026, con incrementos estimados superiores al 24 % en los costes energéticos y por encima del 16% en materias primas, situando a la industria manufacturera en un escenario de elevada incertidumbre.

Este contexto se produce en un entorno en el que el sector español de fabricantes de productos para la construcción mantiene su actividad apoyada en la demanda interna -especialmente en vivienda, rehabilitación y obra civil-, pero en el que persisten factores de incertidumbre vinculados a la evolución de los costes industriales, la competencia internacional y el aumento de las importaciones. La evolución reciente de nuestra industria confirma que el incremento de los costes de producción, especialmente energéticos y logísticos, continúa siendo uno de los principales condicionantes de la actividad productiva.

Materias primas: escasez y evolución de precios

En los últimos meses, determinados insumos clave están registrando problemas de disponibilidad y episodios de falta de stock, afectando especialmente a sectores como los plásticos, los metales para la construcción y los productos químicos básicos. Esta situación dificulta la planificación de la producción y genera incertidumbre en el conjunto de la cadena de valor.

A ello, se suma el encarecimiento sostenido de las materias primas en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, disrupciones logísticas y elevada volatilidad de los mercados. En términos interanuales, la nafta -clave para la industria del plástico- ha experimentado incrementos del 67 %, el aluminio, del 27,2 %, el cobre, del 28,7 %, el hierro, del 3,8% y el barril Brent, del 89,6 %. Estos aumentos están siendo absorbidos, en gran medida, por los márgenes empresariales y no se trasladan al precio final. En este sentido, basta señalar que mientras algunos polímeros registran incrementos cercanos al 60 %, solo una parte de las empresas logra repercutir íntegramente estos costes en el mercado.

Por otra parte, en España, el Índice de Precios Industriales (IPRI) ha registrado, especialmente desde 2021, incrementos acumulados de dos dígitos en ramas manufactureras vinculadas a minerales no metálicos, metalurgia y productos químicos, con elevada volatilidad asociada a los mercados energéticos. Este comportamiento se ha visto reforzado por el encarecimiento de los precios de importación de materias primas, en un entorno de tensiones persistentes en las cadenas de suministro.

Incremento de costes internos

El impacto de los costes energéticos continúa siendo especialmente relevante en una industria intensiva en consumo de energía como la de los fabricantes de productos para la construcción. La evolución de los precios de la electricidad y de los combustibles está condicionando de forma estructural los costes industriales, afectando seriamente a la competitividad de los fabricantes nacionales frente a otros mercados.

La factura energética continúa lastrando la competitividad de las empresas electrointensivas. En 2025, el precio medio final en el mercado eléctrico nacional alcanzó los 65,52 euros/MWh, un incremento del 37,4 % respecto al año 2019, mientras que el del gas alcanzó de media los 36 euros/MWh, un 135% más que en 2019.

El transporte

Asimismo, el incremento de los costes de transporte y logística está agravando la presión sobre los márgenes empresariales, encareciendo tanto el aprovisionamiento de materias primas como la distribución de los productos terminados.

El diésel de automoción ha pasado de 1,39 euros/L en enero de 2026 a 1,77 euros/L en abril, una subida del 27 % en apenas tres meses, lo que para el transporte pesado hace que estas variaciones impacten directamente en los costes logísticos. No obstante, para paliar los efectos de estos aumentos de los costes, la UE ha permitido ayudas de hasta 50.000 € por transportista para compensar el coste adicional del combustible. En España, el Real Decreto-ley 9/2026 implementa medidas urgentes para el sector del transporte, destacando la obligatoriedad de revisar precios ante variaciones del 5 % en el gasóleo y la implementación de ayudas directas. La normativa garantiza el traslado automático de costes, prohíbe deducir bonificaciones públicas de la tarifa y busca asegurar la viabilidad económica y condiciones laborales del sector.

En el ámbito marítimo, la inestabilidad internacional ha elevado las primas de seguros y fletes, con sobrecostes estimados de entre 3.000 y 4.000 USD por contenedor, agravados por la congestión portuaria y la falta de conductores.

Esta evolución de los costes se enmarca en un escenario sectorial en el que, si bien la actividad se mantiene apoyada en la demanda interna, persisten desequilibrios relevantes en el ámbito exterior. El incremento de las importaciones frente a la evolución de las exportaciones está reduciendo el saldo comercial del sector, el superávit de nuestro sector se situó en 3.588 millones de euros, un 44 % inferior al registrado un año antes y un 58 % por debajo del nivel de 2023, reflejando una creciente presión competitiva internacional.

Previsiones a corto plazo

En esa línea, las previsiones del Banco de España indican que si la inflación general a escala nacional había caído a 2,5 % en febrero de 2026 desde el 3,2 % de noviembre de 2025, debido al abaratamiento temporal de la energía, sin embargo se prevé un repunte inflacionario en la segunda mitad de 2026 por el nuevo choque energético derivado del bloqueo en el estrecho de Ormuz. En paralelo, el PIB español creció un 0,8 % en el cuarto trimestre de 2024 y se espera un avance del 0,5–0,6 % intertrimestral en el 1T-2026. No obstante, la incertidumbre global ha llevado al Gobierno a revisar ligeramente a la baja el crecimiento previsto para 2026 (alrededor de 2,3 %).

“la industria de materiales de construcción está haciendo un esfuerzo muy importante de adaptación en un escenario de costes crecientes, pero es necesario contar con un marco de apoyo que permita mantener la competitividad y asegurar la estabilidad de la producción”. Asimismo, ha destacado que “el encarecimiento de la energía, de las materias primas y del transporte está tensionando toda la cadena de valor, por lo que resulta imprescindible adoptar medidas que acompañen a la industria en este proceso. Sin materiales no hay construcción y hay que cuidar a la Industria para que pueda producir, y los clientes han de cuidar de sus proveedores para afrontar juntos el problema”

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