A menos de 10 kilómetros al norte de la ciudad de Palma de Mallorca, se ubica el polígono industrial más importante del archipiélago balear, Son Castelló, a punto de cumplir, el próximo año, sesenta años. Con más de 2.300.000 metros cuadrados y en torno a 1.200 empresas, surgió de la necesidad de trasladar las industrias y almacenes situados en el casco antiguo de la capital mallorquina a las afueras para permitir el crecimiento y modernización de la ciudad. Y algunos de los almacenes de construcción más relevantes de la isla cuentan con instalaciones en este espacio. Un lugar que aglutina más de 80 millones de euros de facturación de distribución de materiales de construcción.
Aunque la facturación pueda resultar ‘baja’ para un polígono de dicho tamaño, la imagen global demuestra que no es así. Esa cifra la suman apenas seis almacenes en su conjunto. Se trata de la delegación de Almacenes Femenías (instalada en el polígono en 1984), BigMat Can Palmer, Sanicalor, Massanella Mallorca (del Grupo Saltoki) y Sispal.
Almacenes de gran tamaño
Por comprender la magnitud de algunos de los almacenes Massanella superó, en 2024, los 42 millones de euros de facturación y Almacenes Femenías, los 20,5 millones. Si bien es cierto que cuentan con otros puntos de venta más allá del polígono de Son Castelló, estas cifras permiten ver el pulmón económico detrás de dichas delegaciones que, aunque no lleguen a facturar el total del grupo en sus instalaciones, sí aportan una parte importante. Al final, la facturación del grupo es lo que determina la inversión en la delegación del espacio y provoca, por tanto, una subida de ‘nivel’ para la competencia de la zona.
Asimismo, La Herramienta Balear, Sispal y BigMat Can Palmer, aunque a menor escala, cuentan con facturaciones relevantes para la industria balear, superando los 7.690.000 euros, los 4.560.000 euros y los 4.204.000 euros, respectivamente. Desmarcado de esas cifras, Sanicalor de Mallorca, con algo más de 300.000 euros de facturación.
Como no todo lo mide la facturación, entre los siete almacenes dan trabajo a más de 230 trabajadores, lo que implica que, además, los distribuidores del canal profesional crean empleo en la zona.
La idiosincrasia isleña, un plus para los almacenes
La idiosincrasia de las islas, tanto Baleares -como es el caso- como las Canarias, es un activo estratégico para los almacenes de materiales de construcción. En un entorno geográfico limitado, bañadas por los cuatro costados, la logística está marcada por la doble insularidad y la dependencia del transporte marítimo, lo que hace ir más allá a los distribuidores locales. Los almacenes no solo despachan los materiales habituales, sino que actúan como parte de una red de apoyo, ampliando su stock en todas aquellas familias de producto de industrias relacionadas con la construcción, como la ferretería, los suministros industriales, el material eléctrico o las soluciones de climatización, por mencionar algunas, con el objetivo de lograr ofrecer la solución completa a su cliente.
Adelantarse a la demanda es crucial en un espacio donde los tiempos de espera se alargan cuando es necesario pedir a fabricantes o a grupos de compras aquellos productos que no se encuentran en los lineales. En este sentido, el conocimiento y el sentimiento de pertenencia juegan también su parte en la decisión del profesional y particular isleño a la hora de elegir a su distribuidor de confianza.
Así las cosas, es habitual encontrar en Baleares almacenes de materiales de construcción que se sitúan por encima de las cifras de facturación habituales en otros mercados. La propia naturaleza del entorno insular, donde muchos operadores concentran en un mismo punto soluciones que en la península suelen estar más especializadas, favorece este mayor volumen de negocio.
















