El área de Construcción celebró, el pasado 28 de enero, su I Mesa redonda de la distribución, patrocinada por Pladur, Stayer e YCR, con la presencia de ocho representantes del canal de la distribución y las marcas patrocinadoras. La cita se celebró en las oficinas de C de Comunicación, en la calle Bueso Pineda de Madrid. De esta primera edición de la cita, se desprendieron una ristra de conclusiones sobre el rumbo que toma el mercado, los retos y las oportunidades para el distribuidor, con el foco puesto en el desafío de la digitalización de los puntos de venta.
Tras la bienvenida a sus instalaciones por parte de la directora general de C de Comunicación, Marta Jiménez, la directora del área de Construcción, Covadonga Del-Nero, presentó a los participantes: Javier Raspall, director de ventas nacional de Stayer; Jorge Romero, gerente de YCR; Carles Fernández, director general adjunto en Gamma Group; Jorge Vega, director general de BigMat; José Durá, director general de Grupo BdB; Eugenio de la Rosa, director general de Ibergroup; Raúl Muñoz, director general de Grupo Ibricks; y Ferran Nájar, director general de Emccat Grup.
El debate permitió tomar el pulso al sector desde múltiples ópticas y poner sobre la mesa tanto las fortalezas como los retos inmediatos de la distribución profesional. En términos generales, los participantes dibujaron un escenario de mercado relativamente estable, con crecimientos moderados y buenas perspectivas a medio plazo, aunque condicionado por una fuerte disparidad entre almacenes y por la necesidad de seguir profesionalizando estructuras y procesos.
Expectativas prudentes y crecimiento contenido
Desde Stayer, Javier Raspall destacó la diversidad de ritmos existentes dentro del sector, fruto de trayectorias y culturas empresariales muy distintas. Raspall apuntó a la convivencia entre almacenes muy tradicionales y otros mucho más dinámicos, que buscan activamente oportunidades de mercado y mantienen una relación estrecha con los proveedores.
En la misma línea, Carles Fernández explicó que el grupo ha cerrado el ejercicio con crecimiento tanto en número de asociados como en cifra de negocio. Sin embargo, subrayó que uno de los grandes desafíos sigue siendo la heterogeneidad de los distribuidores, con niveles de madurez muy dispares que obligan a las centrales a avanzar a distintas velocidades. Por su parte, José Durá aportó una visión de largo recorrido. A su juicio, la construcción atraviesa una etapa “plana con crecimiento”, impulsada por la necesidad estructural de vivienda, aunque todavía con un amplio margen de desarrollo. Durá recordó la capacidad histórica del sector para adaptarse a grandes transformaciones y se mostró optimista ante los retos actuales.
También Raúl Muñoz calificó el cierre del año como “francamente, bueno”, con crecimiento en asociados y en actividad. De cara al ejercicio en curso, avanzó expectativas similares, sin “grandes sobresaltos”, pero con una continuidad positiva. En este diagnóstico de estabilidad coincidió Ferran Nájar, con crecimientos moderados pero sostenidos. En su caso, puso el foco en la eficiencia operativa como factor clave para grupos de menor tamaño, donde “reducir errores y ganar agilidad resulta fundamental”.
Asimismo, Eugenio de la Rosa señaló que el grupo ha registrado, en 2025, un crecimiento agregado de dos dígitos y afronta el próximo ejercicio como “un año de consolidación”. De la Rosa insistió en la importancia de definir con claridad la aportación de valor de la distribución dentro de la cadena, avanzado hacia soluciones y servicios que acompañen al cliente final. Por parte de BigMat, Jorge Vega indicó que el grupo ha cerrado el ejercicio con un crecimiento de doble dígito, tras una etapa en la que se ha priorizado la reorganización interna frente a la expansión externa. Según detalló, BigMat ha apostado por redefinir su modelo de negocio, abrirlo a diferentes formatos y reforzar su estructura societaria antes de retomar el crecimiento en número de socios.
Digitalización: avance desigual y reto estratégico
Uno de los ejes del debate fue la digitalización, ligada tanto a la coyuntura actual como a la competitividad futura del sector. Para Carles Fernández, la digitalización en Gamma es “buena, aunque mejorable”, con tecnologías disponibles desde hace años que, todavía, no están plenamente implantadas en todos los asociados. En cualquier caso, defendió su papel como “herramienta para ganar eficiencia, controlar márgenes y stocks, y mejorar la competitividad”.
Si alguien se mostró especialmente optimista en este ámbito, ese fue José Durá. A su entender, la digitalización no supone “un reto mayor que otros ya afrontado”, aunque reconoció que el proceso es todavía lento. En este sentido, explicó que el ejemplo debe partir de la propia central, con procesos automatizados, uso de software de gestión e, incluso, aplicaciones de inteligencia artificial.
En materia de digitalización, Vega subrayó la “fuerte inversión” realizada por el grupo, que cuenta con un ERP propio implantado en más de 150 socios y con un equipo interno de desarrollo tecnológico. El foco, explicó, ha estado especialmente en la logística, con la creación y reorganización de plataformas, la mejora de la integración con proveedores y el despliegue de sistemas capaces de conectar los distintos ERP y SGA de los asociados. Para Vega, la digitalización debe ir siempre al servicio del modelo de negocio, evitando implantar tecnología sin un objetivo claro, y orientándose a ganar eficiencia, productividad y control.
Por su parte, Raúl Muñoz detalló los avances realizados por grupo Ibricks en los últimos tres años, tanto en logística como en herramientas tecnológicas para los asociados. Aun así, Muñoz advirtió que la tecnología “siempre te atropella”, y que, por muy rápido que se avance, nunca se llega a estar “completamente al día”. Desde una perspectiva más operativa, Ferran Nájar explicó que “la digitalización de flujos es prioritaria para evitar errores y ganar rapidez”, apoyándose en gran medida en los proveedores como fuente logística. En su grupo, aseguró que alrededor del 80 % de los procesos ya están digitalizados, aunque “el trabajo continúa”.
Para cerrar, Eugenio de la Rosa aportó una reflexión más estratégica, señalando que la digitalización es un medio “imprescindible” para avanzar hacia la creación de valor y la aportación de soluciones. En Ibergroup, añadió, han avanzado “de forma notable” en la digitalización de compras, contratos y control de proveedores, lo que les ha permitido mejorar la rentabilidad y concentrar negocio en un número reducido de partners estratégicos. No obstante, De la Rosa reconoció que el grupo se sitúa “en la media del sector” en cuanto a nivel de digitalización, aún lejos de su máximo potencial.
La realidad del punto de venta
Uno de los consensos más claros del primero bloque de la mesa redonda, que llevaba por título ‘Análisis de la coyuntura actual de los almacenes de construcción’, fue que la principal barrera para la digitalización de los puntos de venta no es tanto la inversión, sino la gestión del día a día. Varios participantes coincidieron en que muchos almacenes están absorbidos por la operativa diaria, con estructuras muy polivalentes que dificultan dedicar tiempo a pensar en procesos y estrategias a medio plazo.
En este sentido, se puso de relieve que herramientas ampliamente utilizadas como WhatsApp se han convertido, de facto, en el principal canal digital para muchos distribuidores, especialmente en la comunicación con clientes. Aunque su uso aporta agilidad, también evidencia un uso muy básico de la tecnología.
Desde la experiencia directa en almacén, algunos participantes defendieron que, teniendo en cuenta la carga operativa diaria, el nivel de digitalización del sector es “razonablemente bueno”, aunque con un amplio margen de mejora. La clave, señalaron, está en “digitalizar procesos para liberar tiempo y permitir que las personas se centren en tareas de mayor valor añadido“.
El primero bloque de debate concluyó con una idea compartida: la verdadera amenaza no es la tecnología, sino quedarse atrás. La digitalización avanza de manera desigual, ni siquiera responde a un único modelo, pero el mercado acabará marcando el ritmo. Y las centrales deben estar preparadas para cuando el cliente lo demande.
Así, el papel de los grupos será clave en este camino, no solo seleccionando y facilitando herramientas, sino acompañando culturalmente a los asociados en un proceso que “va mucho más allá de implantar un software“. Un punto de partida que sitúa a la distribución profesional ante un escenario exigente, pero también lleno de oportunidades.














